Cuando digo que mi vida ha cambiado radicalmente de un tiempo a esta parte, me quedo corto. Y ha cambiado para bien, en la gran mayoría de los aspectos.
Al fin trabajo como profesor, en un colegio estupendo y vivo en un barrio que me aporta alegría, entre otras cosas, porque me siento sumergido en mi idioma nada más salir a la calle. Y luego llego al trabajo y enseño español, con la ayuda de mis compañeros del departamento, que también son españoles. Creo que es lo más cerca que puedo estar de mi país estando en Londres.
Ese es el lado brillante, el positivo, el que me hace sentirme orgulloso de mí mismo. Pero, claro, un neurótico como yo también tiene en cuenta lo que he perdido o lo que me preocupa, aunque trate de minimizarlo todo lo que puedo.
Mi mayor "problema" es la inseguridad, eterna compañera de viaje desde que era un niño. Me asalta cuando preparo las clases, cuando las imparto, cuando corrijo, cuando trato de dar lo mejor de mí mismo como profesor... cuando trato de pagar la novatada" de la manera más "barata" posible.
Sé que tengo que aprender mucho, que soy completamente nuevo en este campo de la enseñanza de español y que debo tener paciencia. Si eso lo sé.
Le dedico mucho tiempo a esto, más del que mi cabeza me dice que debería. Creo que quedé un poco "tocado" tras trabajar en estudios de arquitectura. Trabajar horas extras o en casa me trae muy malos recuerdos, recuerdos de alguien que no quiero volver a ser. Y claro, tiendo a machacarme con el consabido "no debería estar haciendo esto", "tendría que estar divirtiéndome", blablablá. Matadme, por favor. Matadme antes de que ponga huevos.
¡PERO NO! Me he propuesto cambiar. Ya no soy aquel tierno arquitecto recién salido de la carrera que se dejaba avasallar ante la impotencia, los bullies y la incertidumbre. Ahora soy más fuerte, soy más viejo (y por lo tanto más sabio, quiero creer) y mi piel está más curtida.
¡Feliz semana a todos!
